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El Contentamiento Cristiano - Capítulo 9

El Contentamiento Cristiano - Capítulo 9

La felicidad, cómo obtenerla - Capítulo 9

9. LA FELICIDAD, CÓMO OBTENERLA

 La felicidad o el contentamiento cristiano es exactamente lo opuesto al espíritu quejumbroso. Este contentamiento comienza en el corazón de los creyentes. No es posible nivelar un barco en el mar apoyándolo de fuera; tiene que ser nivelado interiormente. En forma semejante, no hay nada fuera del creyente que le pueda mantener continuamente feliz; se necesita la gracia de Dios dentro. Pero, aún cuando los creyentes poseen esta gracia dentro de sí mismos, hay ciertos pasos prácticos que pueden tomar que les ayudarán a obtener el contentamiento verdadero.

Primero, deben tener cuidado de no involucrarse demasiado en los negocios de este mundo. Por supuesto, no pueden vivir en el mundo sin involucrarse hasta cierto punto en él. Dios puede guiar a algunos creyentes a involucrarse en ciertos aspectos de los negocios de este mundo, pero si los cristianos han de experimentar el contentamiento verdadero, tienen que limitar a un mínimo su involucramiento en los asuntos de este mundo.

Segundo, deben obedecer la palabra de Dios que es revelada en la Biblia. La Escritura enseña claramente que todas las cosas ayudan a bien a los creyentes. (Rom.8:28) Entonces al servir a Dios, están sirviendo a un Señor el cual siempre tiene sus mejores intereses en mente. Entendiendo esto, los creyentes pueden someterse a la voluntad divina con contentamiento.

Tercero, igual como las personas mencionadas en Hebreos 11, deben vivir por medio de la fe usando su fe para comprender y aceptar sus circunstancias. Deben tener fe no solo en las promesas de Dios sino en Dios mismo. El se preocupa tanto por los creyentes que no necesitan estar ansiosos o afanados por nada. Aún Sócrates (469-399 A.C.), un filósofo pagano dijo: “Puesto que Dios se preocupa tanto por ustedes, ¿Para qué preocuparse por cosa alguna?” En tiempos de dificultad, los creyentes deben echar sus cargas sobre Dios y encomendarle sus caminos. Creer en Dios les traerá la paz y el contentamiento.

Cuarto, los creyentes deberían esforzarse para tener una mente espiritual y poner su mira en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. (Col.3:1-2) Si los creyentes ocupan poco tiempo pensando en las cosas espirituales y mucho tiempo dando vueltas en su mente acerca de lo que les hace falta, solo lograrán amargarse. En cambio, cuando sus mentes están concentradas en las cosas de arriba y se ocupan de la comunión con Dios, entonces no llegarán a decaerse cuando tengan problemas con las cosas terrenales.

Quinto, los creyentes no deben esperar recibir satisfacciones de una multitud de cosas terrenales. Pablo escribió: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” (1 Tim.6:8) Las personas que están esperando siempre grandes cosas en lo terrenal casi siempre terminan decepcionadas. Por lo tanto, los creyentes deberían estar contentos con lo que tienen. Deberían seguir el consejo dado a Baruc: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques...” (Jer.45:5) En cambio, si esperan grandes cosas espirituales, nunca terminarán decepcionados.

Sexto, deberían estar muertos al mundo. Pablo escribió: “cada día muero.” (1 Cor.15:31) Los creyentes saben que su única fuente verdadera de felicidad se encuentra en las cosas espirituales. Hay un efecto mortífero en el contacto continuo con este mundo. El apóstol Pablo dijo: “El mundo me es crucificado a mí y yo al mundo.” (Gal.6:14)

Séptimo, los creyentes no deberían pensar demasiado acerca de sus problemas. Un niño enfermo que rasguña las costras de su herida sólo hace que sea más difícil su curación. Los creyentes pueden hacer algo parecido a esto con sus problemas. Al hablar continuamente sobre ellos, permiten que el tiempo de sus oraciones sea robado. Comienzan a sentirse aún peor, porque sus problemas les parecen más grandes de lo que en realidad son. Es mucho mejor pensar qué tan bueno nos ha sido Dios, hasta que ya no nos quede tiempo para quejarnos y ser infelices. Cuando murió la esposa de Jacob, estaba dando a luz a un niño y le llamó Benoni, lo cual significa “hijo de mi tristeza”. Sin embargo, Jacob no quiso recordar continuamente que ese niño había ocasionado tanta tristeza, entonces le llamó Benjamín, que quiere decir “hijo de la mano derecha”. Esta actitud positiva siempre ayuda a los creyentes a encontrar el contentamiento verdadero.

Octavo, los creyentes deberían hacer un esfuerzo para pensar positivamente acerca de la manera en que Dios trata con ellos. Un amigo que continuamente malinterpretara nuestros actos y nos atribuyera motivos indignos no sería un buen amigo. En la misma manera, es malo para los creyentes malinterpretar los tratos de Dios para con ellos. Deberían pensar positivamente acerca de lo que Dios hace con ellos y razonar por ejemplo, de la siguiente forma: “Dios vio el peligro de que me apegara demasiado a algo; por lo tanto, en su ternura me lo quitó.” o “Dios vio que si me convirtiera en rico, caería en pecado; por lo tanto, en su ternura me hizo pobre.” o “Dios me está preparando para una tarea particular que el tiene en mente, aunque por el momento me es difícil este proceso.” 1 Cor.13:5 dice que “el amor no piensa el mal.” Si amamos a alguien, interpretaremos sus acciones de la mejor manera posible; si hay nueve malas interpretaciones y una buena de los tratos de Dios para con usted, tome la interpretación buena y olvídese de las otras nueve.

Noveno, los creyentes no deberían tomar tan en serio las opiniones de otras personas. Por ejemplo, los creyentes pueden sentirse perfectamente felices hasta que son inquietados por alguien diciéndoles que les hace falta algo. Pero si estaban perfectamente satisfechos antes de escuchar eso, ¿porqué van a dejar que las opiniones de otras personas les quiten su felicidad? La felicidad cristiana verdadera no depende de lo que otras personas digan u opinen.

¿Cómo pueden los creyentes obtener el contentamiento? Todas estas cosas pueden ser resumidas en la siguiente manera: Los creyentes no deben ser influenciados demasiado por el confort que este mundo ofrece. Entonces no estarán tan angustiados cuando estas cosas, sus posesiones, sus familias, su reputación, etc. les son quitadas.

Preguntas que puedan ayudarle en su meditación del capítulo 9:

 1. El capítulo nueve nos recuerda que el contentamiento es la obra de la gracia de Dios en el corazón. ¿Acaso esto significa que si nos falta el contentamiento, sea la culpa de Dios? ¿Seguiremos quejándonos y murmurando hasta que Dios nos cambie?

2. Una de las maneras en que aprendemos a estar contentos es no involucrándonos demasiado en las cosas de este mundo. (Vea Mateo 6:19-34 y Colosenses 3:1-4) Pero los creyentes tienen que vivir en el mundo y tienen muchas responsabilidades terrenales: su familia, su empleo, etc. A la luz de esto y en términos prácticos, ¿qué significa no involucrarse demasiado en los negocios de este mundo?


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