Santa Fé 148, La Bianca (0345) 425-1617
El Contentamiento Cristiano - Capítulo 6

El Contentamiento Cristiano - Capítulo 6

Quejarse es malo para ti - Capítulo 6

6. QUEJARSE ES MALO PARA TI

En los primeros cinco capítulos de este libro hemos considerado la felicidad cristiana en varias maneras a fin de que aprendiéramos qué es y porque es tan importante. En la segunda parte de este libro vamos a aprender algo acerca de como vivir felices la vida cristiana. Lo opuesto de la felicidad es un espíritu amargo y quejumbroso que ve solo el lado negativo de todas las cosas. En este capítulo vamos a considerar el mal de las quejas y descubriremos cuan pecaminoso y dañino es quejarse. En el capítulo siete veremos algunas situaciones en las cuales quejarse es particularmente grave, y en el capítulo ocho tocaremos algunos de los pretextos más comúnmente usados para quejarse. Entonces estaremos listos para ver como obtener la felicidad y como poder mantenerla.

En primer lugar, quejarse es malo para nosotros porque una vez que hemos comenzado, se vuelve cada vez peor. Un espíritu quejumbroso es como una herida engangrenada. La carne infectada no puede ser curada sino solo cortada, o de otro modo la infección se extenderá a todo el cuerpo. Igualmente, si no es frenada, la tendencia de quejarse se extenderá a la totalidad de nuestras vidas y todo se echará a perder.

En segundo lugar, ¿Porqué es tan grave quejarse? Porque quejarse es pecaminoso. En Judas versículos 14 a 16, “los murmuradores” están colocados a la cabeza de la lista de los impíos los cuales Dios juzgará. Quejarse es pecaminoso y Dios juzgará a aquellos que lo hacen. ¡Cuán seria es esta realidad!      ¿Porqué es tan pecaminoso quejarse? La tercera cosa que podemos decir es que quejarse involucra la rebeldía contra Dios. Cuando los israelitas estaban en el desierto se quejaron una y otra vez. Dios les había rescatado de la esclavitud en Egipto, pero no fueron felices ni agradecidos por mucho tiempo. Cada vez que se quejaron, Dios tomó sus quejas como dirigidas contra El mismo. (Num.14:26-29) En Números 16 el pueblo se quejó contra Moisés y Aarón, pero Dios lo tomó como si se hubieran quejado en contra de El y un castigo terrible cayó sobre los rebeldes. Quejarse es muy serio y tiene que ser reprendido antes de que el espíritu quejumbroso se extienda a otros.

En cuarto lugar, quejarse es especialmente grave para el pueblo de Dios, porque es una contradicción de todo lo que les pasó cuando fueron convertidos. Dios les hizo ver su pecado y admitir su culpa; ¿Puede ser que permitan que cosas menos importantes les quiten su felicidad? Dios les enseñó el amor maravilloso de Cristo: Su disposición para dejar a Su Padre y las glorias celestiales, Su paciencia al aceptar las limitaciones de un cuerpo humano, Su sumisión humilde, Su vida perfecta y Su muerte como sustituto. ¿Cómo es posible que puedan olvidarse de todo esto y quejarse, como si Dios no hubiera sido bueno para con ellos? Dios les ha librado de la necesidad de poseer cosas materiales para hacerles felices, ¿Y ahora se van a quejar acerca de eso? Ahora Cristo es su Señor y Rey; ¿Pueden en realidad rechazar su liderazgo y quejarse de El? Dios les hizo someterse a su voluntad; si se quejan ahora, esto sugiere que quizás en realidad nunca se sometieron a El, y que no son en verdad creyentes. Si los creyentes se acuerdan de todo lo que Dios ha hecho por ellos: Su amor, Su perdón, Su don de nueva vida, ¿Cómo pueden quejarse entonces? Si recuerdan que Dios les convirtió precisamente para que pudiesen vivir a la luz de todas estas cosas hasta el día de su muerte, no se van a quejar sino que se van a someter a Jesucristo como su Señor, Rey y Salvador.

El quinto punto que quiero señalar es que quejarse está por debajo de las normas establecidas por Dios para los creyentes. Dios es su Padre; si se quejan implica que no creen que El esté dispuesto o sea capaz de velar por sus mejores intereses. Cristo es su Esposo; si se quejan implica que están desconfiando de Su amor. El Espíritu Santo es su Ayudador; si se quejan implica que realmente no creen que El quiere y puede ayudarles.

Ahora, veamos más de cerca las normas que Dios ha establecido para los creyentes. Les ha levantado a una posición de gran honor. Les ha colocado como señores del cielo y de la tierra. Les ha acercado hacia El mismo más que a los ángeles. Les ha unido con Cristo. Los creyentes están en una posición de gran privilegio. Dios tuvo un propósito en llamarles a esa posición. Su propósito fue que sus vidas mostraran el poder de Dios. Dios tiene el derecho de esperar que aquellos que han sido tan grandemente honrados no se quejen.

Dios no sólo es su Salvador sino también es su Padre. A los padres les gusta ver sus propias buenas cualidades manifestadas en sus hijos. A Dios le gusta ver la obra de su Espíritu en sus hijos, y especialmente quiere ver que se conformen cada vez más a la imagen de Cristo. Jesús sufrió mucho y no se quejó ni una sola vez, sino que oró “no sea mi voluntad sino la tuya.” Dios tiene el derecho de esperar que sus hijos no se quejen.

Si los creyentes dicen que para ellos Dios tiene más importancia que las cosas de este mundo, entonces deberían demostrarlo por la manera en que viven. Es mejor no afirmar que uno es creyente, que ser inconsistente en su comportamiento. Dios tiene el derecho de esperar que los que dicen ser creyentes mantengan su vida conforme a las normas cristianas.

Dios ha concedido a los creyentes la fe a fin de que estén seguros de que todo lo que El ha prometido; les pertenece a ellos como un derecho. La Biblia dice que deberían vivir por la fe. Esto no significa que pueden esperar que sus vidas sean libres de problemas. Si esto fuera cierto, entonces no requerirían la fe. Lo que significa es que pueden aceptar gozosamente la voluntad de Dios, porque Dios les ha prometido toda clase de bendiciones espirituales y temporales. Dios tiene el derecho de esperar que aquellos que han sido enseñados a creer en sus promesas no se quejen.

En pocas palabras, Dios espera que los creyentes sean pacientes en tiempos de prueba y que se regocijen en tiempos de dificultad. Por medio de su gracia muchos ya han alcanzado esta alta norma. Podemos leer acerca de algunos de ellos en Hebreos 11, personas ordinarias que dependieron del apoyo de Dios cuando estuvieron en dificultades. Dios espera que nosotros hagamos lo mismo. Puesto que otros lo han hecho, nosotros también podemos hacerlo.

Ahora volviendo al tema de las quejas, la sexta cosa que debemos notar es que quejarnos hace que nuestras oraciones sean en vano. No podemos decir “sea hecha tu voluntad”, y estar esperando que sea hecha la nuestra. No podemos pedir “danos hoy el pan de cada día”, y estar esperando comodidades y lujos para mañana. El acto mismo de orar significa que reconocemos que todo lo que tenemos nos viene de Dios. Si vamos a comenzar a quejarnos acerca de lo que Dios nos da, sería mejor dejar de orar.

En séptimo lugar, quejarse solo conduce a la infelicidad. Es una pérdida de tiempo. Al quejarnos, nuestras mentes se ocupan tanto con nuestras quejas que dejamos de pensar acerca de Dios y su Palabra. Aún más, quejarnos nos hace inútiles en el servicio de Dios. Una persona feliz puede ofrecer consuelo y ayuda a otros cuando ellos lo necesitan, pero el quejumbroso no tiene nada para consolar. Quejarse es el primer paso para huir de Dios, como Jonás que trató de frustrar la voluntad de Dios antes que doblegarse a ella.

Lo peor de todo es que quejarse nos hace ingratos, y la Biblia considera la ingratitud como un pecado grave. Los creyentes quejumbrosos no tienen agradecimiento por las numerosas bendiciones que poseen. Dicen que quieren dones mayores a fin de poder glorificar más a Dios, pero en realidad no están agradecidos por lo que ya tienen. Los creyentes pueden ser ingratos en esta forma, tanto con las dádivas espirituales como también con las bendiciones materiales que tienen. Pero Dios espera que los creyentes estén agradecidos y que le alaben por todo lo que El les ha dado.

Lutero dijo: “El método del Espíritu de Dios es el de pensar menos acerca de las cosas malas y más acerca de las cosas buenas; de pensar que si una prueba nos sobreviene, es sólo algo pequeño; pero si es una misericordia la que nos llega, es algo grande.” Si una prueba sobreviene, los creyentes deberían agradecer a Dios que ésta no fuera tan severa como pudo haber sido. El Espíritu Santo les enseña como engrandecer sus bendiciones y como empequeñecer sus problemas. El diablo les dice lo opuesto. Mira a los israelitas en el desierto cuando dijeron a Moisés, “¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente?” (Num.16:13) El espíritu quejumbroso les había infectado de tal manera que estaban distorsionando la verdad. Egipto, la tierra de esclavitud, de trabajos forzados, de golpizas, del decreto de la matanza de niños, no era en ningún modo una tierra que “fluía leche y miel”. El liderazgo de Moisés estaba siendo cuestionado y sus motivos mal representados. Los creyentes pueden comportarse en una manera parecida a esta. Cuando les sobrevienen problemas, son tentados a pensar que eran más felices antes. Este pensamiento solo les trae más infelicidad.

En octavo lugar, podemos decir que quejarnos no sólo nos hace infelices, no sólo es pecaminoso, sino que también es tonto. ¿Qué caso tiene quejarnos de las cosas que no tenemos? ¿El quejarnos nos ayuda a disfrutar de las cosas que poseemos? ¿Puede un niño satisfacer su hambre desechando su comida, porque no le van a dar postre? Quejarse es inútil: “¿Quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mat.6:27) La respuesta, por supuesto, es que nadie lo puede hacer. Una persona puede preocuparse hasta la muerte, pero sus quejas no le servirán de nada. Dios puede retenerles una bendición hasta que tengan una actitud mental apropiada para recibirla. Si Dios les concede la bendición, pueden encontrar que sus espíritus se han amargado tanto que ya no pueden disfrutar la bondad de Dios. La verdad de este asunto es que quejarnos es tonto porque solo empeora las
cosas. Los creyentes quejumbrosos son creyentes orgullosos, que rehusan someterse a la voluntad de Dios. Son como marineros que se quejan de la tormenta en lugar de preparar el barco para aguantarla. Los marineros sabios se inclinarán ante la tormenta y bajarán las velas.

Las últimas dos cosas que debemos notar acerca de este asunto es que el quejarse es algo muy serio. Quejarse provoca la ira de Dios. Dios se enojó cuando los israelitas se quejaron, y se enoja cuando los creyentes se quejan. Los israelitas fueron castigados porque se quejaron. Los creyentes deberían tener mucho cuidado en no añadir a sus problemas, provocando el castigo de Dios. Un espíritu inquieto y quejumbroso es el espíritu de satanás. El fue el primer rebelde, el primer quejoso, y el primero que fue maldito por Dios. Los creyentes deberían tomar muy en cuenta lo que la Biblia dice acerca de este peligro, y no quejarse haciéndose semejantes al diablo.

La última cosa que podemos decir es que Dios puede retirar su cuidado y su protección de aquellos que se quejan de El. Un empleado descontento puede ser despedido y mandado a buscar otro empleo; y Dios puede mandar a su pueblo a que busquen otro Señor si se quejan de la manera en que El les trata. Esto pudiera ser porque Dios les quiera disciplinar y obligarles a que confíen en El, o pudiera ser porque nunca fueron realmente creyentes verdaderos.

Quejarse es malo para ti, porque es el primer paso en un camino inclinado y resbaloso. La mayoría de los israelitas que se quejaron en el desierto nunca llegaron a ver la tierra prometida.

Preguntas que pueden ayudarle en su meditación sobre el capítulo 6.

1. A la luz de Filipenses 2:14-15, ¿Está realmente convencido de que quejarse es un pecado?

2. Vea Isaías 53:3-7. Nuestro Señor Jesús no se quejó ni siquiera cuando fue crucificado cruel e
injustamente. ¿De qué forma debe afectar al creyente el carácter y el comportamiento de Cristo?


Comentarios