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El Contentamiento Cristiano - Capítulo 3 - Iglesia Evangélica Bautista "La Bianca"
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El Contentamiento Cristiano - Capítulo 3

El Contentamiento Cristiano - Capítulo 3

Capítulo 3 Las Promesas de Dios

3. LAS PROMESAS DE DIOS

Dios ha hecho muchas promesas a todos los que creen en Cristo Jesús. Pensar acerca de la certeza de lo que Dios ha prometido ayuda a que los creyentes sean felices.
Dios, quien es justo, no puede pasar por alto el pecado. Pero también Dios es un Dios de amor y sintió lástima por los pecadores: Dios quiso salvarlos del castigo que merecían. Toda vez que no podían salvarse a sí mismos, El determinó ayudar y tener misericordia de algunos, salvándolos. Entonces mandó a su Hijo, el Señor Jesucristo, quien se encarnó y vivió una vida de sujeción y obediencia al Padre; su obediencia perfecta es acreditada al pueblo de Dios. El Señor Jesús murió crucificado; tomando sobre sí mismo el castigo que el pueblo de Dios merecía por sus pecados. Entonces podemos decir, que Dios ha prometido acreditar la obediencia de Cristo a los creyentes y también quitar su culpa imputándola a Cristo, y así concederles el don de la vida eterna. El Espíritu Santo les da nueva vida y les conduce a creer en el Señor Jesús. El Espíritu les da la seguridad de su salvación y les fortalece, para que puedan vencer el poder del pecado.
Todas las promesas de Dios son el resultado de su gracia; es a saber, son concedidas a aquellos que no las merecen. Las cosas que Dios promete otorgar, son para toda la eternidad. La muerte de Cristo ha obtenido la eterna y segura salvación de su pueblo. El no permitirá que se pierdan. Las promesas son dadas a los creyentes como individuos y en una forma personal.
Las promesas que Dios ha dado son de gran ánimo para los creyentes. El ha prometido salvar a todo su pueblo, lo cual les proporciona un sentimiento de seguridad y les hace muy felices. Ha prometido que el diablo nunca podrá vencerles completamente y esto les da mucha seguridad, aún y cuando tienen que enfrentar problemas y decepciones. Aún cuando el futuro les sea incierto, son felices porque saben que las promesas de Dios son inquebrantables. David tenía una confianza total en la fidelidad de Dios y sabía que Dios cumpliría su palabra: “El ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas y será guardado.” (2 Sam.23:5) Hoy en día, los creyentes tienen aún más motivos para estar seguros de que Dios cumplirá su palabra. Miran a la obra de Cristo quien les ha traído todo aquello que Dios prometió. En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel pudo regocijarse porque Dios había prometido hacerle bien a la nación. Pero los cristianos pueden regocijarse de “las mejores cosas” que Dios ha hecho para ellos como individuos. (Heb.8:6)
Pero además de la promesa de salvación, Dios ha hecho otras muchas promesas maravillosas. Todas esas promesas deben entenderse a la luz de las grandes promesas que Dios ha hecho acerca de la salvación. No es saludable pensar que una interpretación literal puede ser aplicada a todas las promesas de Dios. Por ejemplo, el Salmo 91 contiene la promesa que el hombre de Dios nunca sufrirá enfermedad, ni accidente, ni daño. Los creyentes que tienen que enfrentarse con este tipo de sufrimiento pueden preguntarse, si acaso este salmo no tiene aplicación a ellos. Probablemente el pueblo de Israel tenía el derecho de esperar las bendiciones físicas y externas como una recompensa de su obediencia; ciertamente las bendiciones y maldiciones prometidas en la ley de Moisés sugieren esta interpretación. Pero la promesa de los versículos 9 y 10: “Porque has puesto a Jehová... al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” no debe ser interpretada para decir que los creyentes nunca sufrirán. Más bien, les enseña a confiar en que Dios está velando sobre ellos en todo tiempo, guardándoles del mal. Dios puede usar cosas difíciles para disciplinarles, como un padre disciplina a sus hijos (y esto es prueba de que son sus hijos). El tiene derecho de hacer con ellos como mejor le pareciera, quitarles cualquier cosa que quiera, pero siempre hace todo para el bien de ellos. Si en ocasiones parece que les está haciendo daño, ellos pueden estar ciertos de que lo que les ocurre es una parte del plan divino para su bien. Entonces, ningún daño real, ningún daño espiritual y eterno puede ocurrirles.
Entre las promesas del Antiguo Testamento que los creyentes pueden aplicar a sí mismos están Isaías 43:2 y Josué 1:5. El escritor de los Hebreos cita la promesa de Josué en una forma muy fuerte, como si Dios estuviera diciendo: “No te desampararé nunca, no te dejaré jamás, no lo haré.” (Heb.13:5)
Entonces Dios ha hecho estas promesas y muchas otras semejantes. Todas las promesas apuntan al cielo y nos enseñan que el placer y el gozo del cielo puede ser disfrutado aquí y ahora, como los marineros en medio de la tormenta se consuelan al pensar en la llegada a la costa.

Preguntas que pueden ayudarle en su meditación del capítulo:
1. Hasta este momento ¿Cómo ha afectado su vida y sus actitudes la lectura de este libro?
2. El capítulo tres sugiere que las promesas de Dios deberían hacer al creyente feliz o contento. ¿No has experimentado ocasiones cuando estabas infeliz porque parecía que Dios incumplía alguna de sus promesas? ¿Cómo debemos tratar las promesas que encontramos en el Salmo 91? ¿Cómo debemos responder ante las situaciones en las cuales parece que Dios no nos ha tratado conforme a las promesas de su palabra?

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